Hijo de la Luna
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Hijo de la Luna
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Cierro los ojos y la musica resuena en mis oidos, aunque la imagen que veo está llena de pasíon y erotismo, Hijo de la Luna de Mecano, suena sin cesar adentrándome en la escena hasta ser espectadora en primera fila.
Una hembra gitana llorando pedia encontrar a su hombre, ese que le haría mujer ...... y alli estaban los dos, en plena noche escondidos en aquel lugar tan apartado de sus mundos para poder encontrarse el uno frente al otro.
Luna estaba desnuda completamente, sus cabellos mojados goteaban sin cesar, temblada de frio, de miedo y de deseo por aquel hombre que tenia delante suya.
Sus pechos jóvenes, redondos y tiesos despuntaban señalando el frio que Luna sentía en su cuerpo... se encogía, se estremecía temerosa de lo que su amado podria hacerle, pero a la vez, deseando sentirlo dentro de ella.
No hablan, no hay dialogo alguno, ni siquiera puedo escuchar sus gemidos, pero logro imaginarlos, sentirlos, por su rostro, sus expresiones son tan intensas que casi soy yo misma la que explota en un gran grito.
El hombre se acerca, toca su piel morena y humeda, acaricia cada parte de su cuerpo con ternura, con delicadeza, sabiendo que tiene ante sí a su musa virgen solo para él.
Suavemente, sin prisas y con mucho cariño, va besando sus pechos, mientras Luna se estremece, es tan expresiva que su cara y su cuerpo acompañan cada sensación suya. El continua bajando hasta colocarse de rodillas frente a ella para saborear de lleno sus jugos, beberlos, empaparse de ese elixir de la pasión contenida durante años de esta jovencita enamorada.
Luna se agita agarrando con fuerza la cabeza de su hombre y dejándola entre sus piernas, inmersa en ella misma, sin poder escaparse. No puede dejar de moverse, grita, se frota los pechos con firmeza y esa furia de una yegua desatada, da paso al mayor estado de placer y plenitud que nunca habia vivido.
Cae, se desvanece, por la intensidad de este momento, de esta sensación que le embarga olvidandose de ella misma, pero él la sujeta valientemente, con fuerza y tesón puede agarrarla, contenerla y levantarla en peso pegándola contra sí mismo y siendo el primero en llegar al lugar más hondo y recóndito de ella misma.
Su pene erecto la penetra sin cesar, una y otra vez, meciéndola en el aire al ritmo de cada sacudida, de cada momento de unión y fusión entre ambos.
El hombre la posee con seguridad, con firmeza y la hace suya para siempre contemplando su cara, su expresion, sus pechos en movimiento, escuchando sus gemidos y llegando al límite del deseo y la pasión apretándola fuertemente contra si; dejando la semilla para el hijo de la Luna.
Cierro los ojos y la musica resuena en mis oidos, aunque la imagen que veo está llena de pasíon y erotismo, Hijo de la Luna de Mecano, suena sin cesar adentrándome en la escena hasta ser espectadora en primera fila.
Una hembra gitana llorando pedia encontrar a su hombre, ese que le haría mujer ...... y alli estaban los dos, en plena noche escondidos en aquel lugar tan apartado de sus mundos para poder encontrarse el uno frente al otro.
Luna estaba desnuda completamente, sus cabellos mojados goteaban sin cesar, temblada de frio, de miedo y de deseo por aquel hombre que tenia delante suya.
Sus pechos jóvenes, redondos y tiesos despuntaban señalando el frio que Luna sentía en su cuerpo... se encogía, se estremecía temerosa de lo que su amado podria hacerle, pero a la vez, deseando sentirlo dentro de ella.
No hablan, no hay dialogo alguno, ni siquiera puedo escuchar sus gemidos, pero logro imaginarlos, sentirlos, por su rostro, sus expresiones son tan intensas que casi soy yo misma la que explota en un gran grito.
El hombre se acerca, toca su piel morena y humeda, acaricia cada parte de su cuerpo con ternura, con delicadeza, sabiendo que tiene ante sí a su musa virgen solo para él.
Suavemente, sin prisas y con mucho cariño, va besando sus pechos, mientras Luna se estremece, es tan expresiva que su cara y su cuerpo acompañan cada sensación suya. El continua bajando hasta colocarse de rodillas frente a ella para saborear de lleno sus jugos, beberlos, empaparse de ese elixir de la pasión contenida durante años de esta jovencita enamorada.
Luna se agita agarrando con fuerza la cabeza de su hombre y dejándola entre sus piernas, inmersa en ella misma, sin poder escaparse. No puede dejar de moverse, grita, se frota los pechos con firmeza y esa furia de una yegua desatada, da paso al mayor estado de placer y plenitud que nunca habia vivido.
Cae, se desvanece, por la intensidad de este momento, de esta sensación que le embarga olvidandose de ella misma, pero él la sujeta valientemente, con fuerza y tesón puede agarrarla, contenerla y levantarla en peso pegándola contra sí mismo y siendo el primero en llegar al lugar más hondo y recóndito de ella misma.
Su pene erecto la penetra sin cesar, una y otra vez, meciéndola en el aire al ritmo de cada sacudida, de cada momento de unión y fusión entre ambos.
El hombre la posee con seguridad, con firmeza y la hace suya para siempre contemplando su cara, su expresion, sus pechos en movimiento, escuchando sus gemidos y llegando al límite del deseo y la pasión apretándola fuertemente contra si; dejando la semilla para el hijo de la Luna.
venus- Mensajes: 5
Fecha de inscripción: 03/10/2008
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